Puertorriqueños a la merced de los neoyorquinos

Aún no se cumple un año exactamente desde que dejé la Isla en busca de nuevas oportunidades y a pesar de que he tenido altas y bajas, sólo un caballero de Nueva York me hizo ver lo vulnerables que somos los puertorriqueños ante el robo de identidad.

Lo interesante del caso es que yo vivo en Washington D.C. y, a excepción de múltiples viajes de recreación, nunca he estado en el estado de Nueva York por más de dos semanas. Esto, sin embargo, no fue ningún problema con el caballero que ahora me imagino me crucé varias veces quizás en el Subway o Time Square.

Dado que mi mudanza calló exactamente a mitad de año del 2013, tuve la grata experiencia de tener que rendir planillas en Puerto Rico, el Distrito de Columbia y a nivel federal. Ahora bien, este último es el catalizador para que me pudiera percatar que desde hace siete años mi seguro social estaba siendo utilizado en otro estado, por otra persona.

Como ciudadano semi-responsable decidí rendir mis impuestos antes de que se acercara la fecha límite, simplemente por recibir el reintegro cuanto antes. A diferencia de Puerto Rico, en los estados de la Nación los reintegros sólo tardan dos semanas en reflejarse en la cuenta. Sin embargo, cuando ya finalmente contesté todo el formulario que H&R Block provee y presiono el botón de someter no pasan dos minutos cuando recibo un correo electrónico de la compañía indicando que mis planillas no pueden ser procesadas ya que mi seguro social había sometido para el año 2013.

Ingenuo al fin, pensé que simplemente fue un error de H&R Block y procedo a llamarlos. Cinco minutos más tarde (cuentan con un servicio al cliente increíblemente rápido), caigo en cuenta que tengo un 90% de probabilidad que me han robado la identidad. Ese otro 10% se debe a las palabras alentadoras de Mrs. Smith, “we don’t guarentee that e-filing through us will work everytime” (no garantizamos que radicar electrónicamente con nosotros funcionará).

Demás está decir que caí en estado de pánico. Siempre se escucha de esas personas que le roban la identidad pero nadie piensa que le puede afectar a uno. Y a pesar de que Mrs. Smith me dio un 10%, no sirvió de mucho cuando me di cuenta que todo esto está ocurriendo un viernes a las seis de la tarde. Uno pensaría que estas restricciones de horario y día no afectan a la capital de la Nación, pero vivir en D.C. es comparable con vivir en la Milla de Oro. Luego de las cinco de la tarde la ciudad se vacía y los fines de semana son para salir de los cuatro cuadrantes del Distrito.

Al llegar el lunes me propongo a llamar al Servicio de Rentas Internas (IRS) para aclarar la situación. Aún aferrándome a ese 10% tan elusivo. Cuando llamo a las oficinas simplemente me contesta una cordial grabadora que indica que el IRS no atiende por teléfono, ni hace citas. Todo es en persona y por orden de llega. Esto para mí es la ironía más grande. La agencia gubernamental más famosa por perseguir a los evasores y hasta incluso fue la única capaz de encarcelar al notorio Al Capone no puede ser contactada.

Como buen puertorriqueño que ha pasado extensas horas en las recepciones de innumerables agencias de gobierno decidí levantarme temprano y llegar a la hora que el IRS abre sus puertas para hacer un buen turno. Así que ese martes en la mañana, con todo y tormenta de nieve azotando mi rostro, caminé a la oficina y pasé todo el proceso de seguridad…muy similar al de los aeropuertos a excepción de que no fui seleccionado al azahar por mis rasgos del medio oriente.

Igual que en la Isla, esperé a que las recepcionistas terminaran su conversación personal para solicitar un número. Para mi beneficio, mientras se imprimía mi boleto de turno ya la representante estaba llamando mi número. La oficial, muy amable, procede a matar el 10% de Mrs. Smith en los primeros dos minutos. Aún sin quitarme mi abrigo ya sabía que el/la señor(a) de Nueva York había robado mi identidad desde el 2007.

“¿Has vivido en Nueva York?”, me preguntó la oficial con poco interés, a lo que respondí, “No. Toda mi vida en Puerto Rico hasta el pasado julio que me mudé aquí a D.C.”.

“¿Radicaste planilla en el 2007?”, continúa. “Me estaba graduando de High School”, respondo tratando de aliviar la seriedad (mayormente para mi beneficio y tranquilidad).

Antes de que yo pudiera internalizar que alguien en Nueva York lleva utilizando mi seguro social para radicar planillas federales desde el 2007, ya la oficial había hecho un affidávit, radicado mis planillas y provisto una lista con pasos a seguir. Todo el proceso tomó no más de 20 minutos.

No es hasta que salgo de la oficina y me encamino a mi trabajo que pienso que todos los puertorriqueños estamos en riesgo de que se nos robe nuestro seguro social. Si has vivido toda vida en Puerto Rico no hay necesidad de llenar planillas federales. Yo sólo me enteré porque intenté radicar pero, ¿qué hay de todas esos puertorriqueños que no lo hacen? Tenemos una situación particular y es que somos ciudadanos estadounidenses que no tenemos presencia a nivel federal. Somos blanco fácil para inmigrantes a los Estados Unidos que aún no cuentan con la ciudadanía y sólo necesitan un número.

Al hablar del suceso con una compañera, esta me confiesa que tan reciente como el año anterior, justo cuando se mudó desde Puerto Rico, le había llegado una carta del IRS indicando una deuda de 20 mil dólares. Aparentemente un caballero de origen asiático en Nueva York le robó su identidad también. Me pareció mucha la coincidencia que dos puertorriqueños de la misma edad hayan sido víctimas de robo de identidad y se enteren el mismo año que se mudan a los Estados Unidos.

Si narro mi historia es porque quiero ser voz de alerta a mis compatriotas para que verifiquen su crédito y corroboren que nadie esté utilizando su información de manera ilegal. Si algo he aprendido de esta situación es que la persona en Nueva York quien me robó la identidad, falló al ser más responsable que yo y radicar primero.

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